Artilugios


Artilugio N° 24

Artilugio N°22

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Artilugio N°7

Artilugio N° 12

Artilugio N° 17

Manifiesto

DESDE muy joven tengo un sueño recurrente, la oscuridad es omnipresente, un hotel con pasillos angostos, los colores son calidos, el piso alfombrado color naranja y las paredes empapeladas con color rojo, solo mobiliario antiguo de madera, apliques de bronce, las puertas de madera distantes un metro unas de otras, algunas entreabiertas dejan ver escaleras, unas descendiendo y otras ascendiendo, también hay ascensores, al final de los pasillos grandes salas de estar, madera oscura y crujiente, estufas encendidas. En el sueño recorro el lugar como si buscara una salida, como si me hubiera despertado allí y buscara explicaciones, igualmente nunca tengo la sensación de miedo, me dispongo a disfrutar el laberinto. Subo y bajo escaleras y ascensores recorriendo los pasillos pero sin encontrar a ninguna persona, tampoco recuerdo haber visto ningún ser vivo, el lugar olía a encierro y bien podría encontrarme yo a 100 metros bajo tierra. En una de las estufas veo detrás del fuego un túnel oscuro por el cual decido adentrarme, no recuerdo si apago el fuego o no, al final de ese túnel de unos veinte metros llego a una especie de ascensor, ahí me esperaba alguien, esta “presencia” se encontraba de pie a mi lado en el cubículo de un metro cuadrado, no recuerdo sus vestiduras, ni siquiera si poseía, al intentar ver su rostro no pude ver mas que piel sin rasgos, piel de lombriz, textura fría, húmeda y con pliegues, apretó un botón y comenzamos el descenso, empecé a sentir que estaba en un ascensor que solo iba a ser usado una vez y en una única dirección, le pregunté hacia donde nos dirigíamos, me dijo que íbamos a ver a un Doctor que se encontraba seis pisos bajo tierra, cuando me dijo esto ya habíamos descendido mas de ocho… me di cuenta que el ascensor se volvía mas angosto, y entre los hierros podía distinguir que los pisos eran amplios pero de no mas de un metro y medio de altura, la mayoría estaba en penumbras, y los que tenían una luz mortecina dejaban ver seres con ojos de lombriz y olor a demencia. Se agrupaban en sillones y harapos, cerca del descendiente ducto y parecían mantener una conversación que había comenzado antes de nuestra lenta pasada. Seguimos descendiendo…un fuerte zumbido agudo vibró mi cerebro y ya no hubo mas luz…

Cuando vi que se alejaba comprendí el absurdo y creé mi primer juego, intentar escapar y alcanzar los limites, y en el mismo plano existencial veo su espalda en el bosque y pienso: -no debería ir pensando en eso! Somos animales que buscan recreación, eso es todo!

Bajo el Arbol dijo que no podía demostrarlo, pero que tenía la certeza de que su mente sabía algo, algo que intuía se revelaría cuando fuera necesario. Volviose de espaldas nuevamente, esta vez una luz amarilla destelló desde su cerebelo, me fui alejando hasta el coche.

Conduje durante las siguientes tres horas bajo lluvia, hasta la casa de la Eminencia, quien vivía de forma austera frente al mar, la lluvia y el atardecer no permitían los brillos blancos, las escenas eran opacamente amarillas, sequé mis lagrimas y bajé del coche, me esperaba en el alero de su casa, se dirigía hacia mi cuando resbaló y quedó tendido de rodillas a mis pies, la lluvia ha causado daños, pero pude ver aquella escena de tantos ángulos… cada detalle de su caída y sus mil melodías, supe que allí terminaba el y empezaba yo.

No arrojéis agua sobre los manuscritos nunca, son tu única verdad registrada, arrójalos en la hoguera que os mantiene a la espera del gran Sol; y cuando os adentreis en el Mar, no os desperdicies en tibios intentos de tocar el cielo, pues habeis nacido en y del justo equilibrio!


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